Abu Dhabi, vida en el desierto con airberlin

11 Jun Abu Dhabi, vida en el desierto con airberlin

Abu Dhabi - Travel2beDesde Varsovia partía nuestro vuelo dirección Berlín para hacer la conexión con Abu Dhabi. Con un pequeño retraso que nos hizo correr por las terminales del aeropuerto Tegel de Berlín, llegamos a la Business Class del vuelo de airberlin que nos llevaría, horas después a este destino.

Al llegar al Aeropuerto Internacional de Abu Dhabi, sellaron nuestros visados para entrar en la capital de Emiratos Árabes Unidos y fuimos por las maletas…¡que no llegaron! Estaban en Berlín y llegarían con el siguiente vuelo ya que la conexión fue muy precipitada.

Pero, al mal tiempo, buena cara, así que después de hacer el check in en Yas Island, en el hotel Radisson Blu, cogimos unos taxis y ¡nos fuimos de compras!

Decir que te vas a un centro comercial de Abu Dhabi es casi casi como decir que vas a ver un monumento. El Marina Mall es espectacular. Aunque tiene todas las marcas entre sus locales, lo cierto es que el toque de los locales con ropa y complementos de esta tierra impresiona por la riqueza.

Tras eso, rápido de vuelta al hotel para cambiarnos porque tocaba comer en el restaurante del propio hotel para luego salir a un safari tour por el desierto.

Quien haya hecho alguna vez 4×4 en las dunas, sabrá de lo que hablamos. Es una experiencia divertida e inolvidable que difícilmente puede compararse con nada. Curiosa la visita a una granja de camellos para después ir a un village beduino donde pudimos ver la puesta del sol desértica mientras nos hacían tatuajes de henna, nos vestían como emiratis, nos hacían una exhibición de la sensual danza del vientre o nos daban de cenar. El desierto tiene algo especial y nuestro conductor, también.

Descanso en el hotel para el día siguiente, donde teníamos pendiente un tour por la ciudad de la mano de nuestro guía, Abu.

Tras explicarnos curiosidades de Abu Dhabi, como que el kamura (traje blanco) es la ropa que usan los emiratis para trabajar, que el 85% de la población es inmigrante, que es muy difícil distinguir el rango social de los emiratis sin saber dónde trabajan o qué número lleva la matrícula de sus coches o que el 90% del agua que se consume es del mar y se recicla para el riego de las zonas verdes.

La primera parada fue la Gran Mezquita, edificio elevado por un monte artificial construido de mármol importado de Gracia y Macedona donde pueden rezar más de 40.000 personas en su interior. Los minaretes, de 107 metros de altura, están recubiertos de oro de 24k y hay 30 tipos distintos. Entrar en ella, vestidos como corresponde a este sitio por el respeto que exigen a sus costumbres, fue todo un descubrimiento de lujo, decoración al detalle y, a la vez, de recogimiento.

De ahí hicimos con el autobús una ruta por los edificios más emblemáticos de la ciudad: el Exhibition Center, donde cada día hay más reuniones de negocios, el Emirate Palace (el hotel más caro del mundo en lo que a construcción se refiere y donde se importó la arena para su playa privada de países africanos. Para hacerse una idea de lo que significa este hotel, sólo decir que las habitaciones más grandes son de unos 600m2), o las Etihad Towers.

Quien quiera llevarse algo típico o hecho a mano de Abu Dhabi, no debe dejar pasar la oportunidad de visitar el Miraj, una especie de tienda donde hay una muestra de toda su artesanía, eso sí, de lujo. Aún tenemos en la retina las alfombras tejidas con hilo de oro…

De ahí pasamos a un pequeño zoco histórico, donde regatear antes de comprar se convierte casi casi en obligación.

La comida fue en Hickery’s, el restaurante del Yas Links Golf Club, donde el servicio y la atención dejan la palabra impecable corta.

La tarde ya fue de preparativos para la vuelta a casa, tras darnos un baño para recargar las pilas en su piscina, nos pusimos con las maletas tristes de dejar este maravilloso destino.

Y con esto acababa nuestra aventura de airberlin around the world, descansando en el hotel para salir hacia el aeropuerto de nuevo a las 12 de la noche y coger el vuelo a Berlín, de nuevo en Business Class, para enlazar con nuestros destinos.

Estos días os contaremos ya, fuera del diario, la experiencia y las curiosidades del viaje. No os lo perdáis.

Desde aquí, decir que Adrià, Carla, Fer, Miquel, Patri y Vero han sido unos compañeros difícilmente mejorables, que esta aventura sin ellos nunca hubiera sido tan buena y que gracias a airberlin nos llevamos amigos de distintos puntos de España.